Artistas de la vida cotidiana

Mi encuentro reciente con el libro de Zygmunt Bauman, “El arte de la vida” fue una hermosa ocasión para repensar la importancia de nuestro lado creador y generativo, como artistas de la vida cotidiana

Me recordó una lectura de hace años del libro de Rolo May, “La Valentía de Crear”. En este trabajo May se enfoca en el proceso creativo de los artistas, aunque deja en claro que parte del proceso se aplica igual a cualquier acto creativo de cualquier persona. Al respecto dice que los que no somos “artistas” en el sentido estricto del término (músicos, escritores, pintores, entre tantas otras formas expresivas) constantemente realizamos actos creadores al interpretar y reinterpretar el mundo en el que vivimos, las relaciones que establecemos con las demás personas, y cómo vamos haciendo nuestra historia de vida.

Bauman parte directamente de la afirmación de que todos somos artistas de la vida, lo creamos o no, nos guste o no. Afirmación radical y quizá imperativa.
En ambos textos se analizan las condiciones en las que creamos y tomamos decisiones. Bauman pone énfasis en la influencia de la sociedad y sus modos contemporáneos en cómo construimos nuestras trayectorias existenciales, reflexionando sobre las características de una “sociedad liquida” caracterizada por el individualismo y la primacía de la visión temporal e inestable de la vida, en comparación con las estructuras fijas del pasado.

May enfatiza los valores que giran alrededor de la creatividad, señalando varios, entre ellos la valentía para ser consecuente con nuestros deseos y proyectos, en lo que podemos hacer por nosotros y por los demás. Expone además el valor social de la empatía con el otro que nos expone al riesgo de ser afectados (positiva o negativamente) por las relaciones que entablamos, pero que es uno de los caminos que nos permite combatir la alienación personal de ver el mundo sólo con nuestros ojos (¿o cegueras?) y finalmente, enfatiza el propio valor de la creatividad, que como expresión artística y cotidiana nos ayuda a imaginar distintas maneras de ver el mundo y de recrearlo.

Quizá hoy suene remanido lo que estoy diciendo porque hemos escuchado hasta el cansancio que con todos los cambios que trajo la pandemia por coronavirus en nuestras vidas, debemos reconvertirnos, cambiar, innovar, hacer las cosas de manera distinta para adaptarnos, a su vez, a los cambios en cómo trabajamos, cómo nos relacionamos y cómo nos cuidamos. ¿Pero no ha sido siempre así?, vivir no implica acaso adaptarnos activamente a las circunstancias, para sufrirlas, afrontarlas y/o cambiarlas? Cierto es que quizá lo abrupto y repentino de la crisis trae desafíos distintos a los cambios más progresivos del pasado.

Pareciera que, así como dice Bauman, nos guste o no, por el hecho de ser humanos, somos artistas de y en nuestras vidas, somos Artistas de la vida cotidiana y estamos dotados de la voluntad y la capacidad de elección, sin dejar de reconocer las fuerzas que pueden restringir estas capacidades, nuestro afán constante es seguir nuestro camino hacia la vida que queremos, a la felicidad que deseamos, recordando la advertencia de Kant que la felicidad no es un ideal de la razón sino de la imaginación.

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