COOPERAMOS, COMPETIMOS Y APRENDEMOS

Cuando era pequeña, mi padre solía decirme que en los juegos lo importante era divertirse. “Ganamos, perdemos, igual nos divertimos”- me decía.

En el juego de la vida he aprendido que “a veces ganamos, otras aprendemos y ¡no siempre nos divertimos!” (en el sentido más hondo de lo que el disfrute puede significar para cada uno de nosotros).

En esta apostilla quiero invitarte a reflexionar acerca del cambio, el conflicto, y las elecciones que hacemos frente a él y cómo éstas afectan nuestras convivencias.

Venimos a la vida interdependientes y somos quienes somos, en relación a los otros. En esta experiencia vital, sin embargo, la convivencia no siempre nos resulta simple.

Tenemos experimentado que convivir es compartir en compañía de otros diferentes a nosotros, el mismo espacio y tiempo. También que, en ese convivir, el conflicto aparece como un emergente inevitable en toda relación humana- producto de necesidades, percepciones de la realidad aparentemente distintas, proyectos de vida diferentes-.

Conflicto y cambio son dos realidades inherentes a la vida misma. El cambio se nos presenta como incertidumbre, nos confronta con la necesidad de amigarnos con lo desconocido, de abrirnos a nuevas posibilidades.

Aunque decimos promover el cambio, cotidianamente nos resistirnos a ser cambiados y esa resistencia al cambio genera nuevos conflictos o agrava los existentes. El conflicto en sí mismo es una situación neutra, sin embargo, la forma en que elegimos gestionarlo puede tener efectos positivos o negativos en nosotros y en las relaciones que protagonizamos.

¿Cooperamos para gestionar nuestros conflictos?

¡Qué importante darnos cuenta de cómo estamos eligiendo gestionar nuestros conflictos! Podemos hacerlo por medio de la confrontación y la competencia, “haciendo la nuestra” y favoreciendo el “sálvese quien pueda”, o podemos elegir cooperar, colaborar y resolver el conflicto por la vía del consenso, entendiendo honestamente que “todos juntos podemos más”.

En el momento que elegimos vivir el conflicto como una oportunidad de cambio, nos hacemos cargo de lo que nos está pasando y decidimos iniciar un trabajo personal, que, a mediano plazo, promete a quien lo transita mayor serenidad y paz consigo mismo y en la relación con el otro, confianza y mayor cooperación. Elección simple, aunque no siempre fácil.

Cuando mi padre me decía lo que me decía, puedo interpretar también que me estaba invitando a aprehender habilidades sociales y a hacer consciente el proceso de autoaprendizaje y aprendizaje con otros.

El aprendizaje social es en nosotros una oportunidad ilimitada de desarrollar y mejorar competencias para la vida y para la convivencia.

Mientras tenemos vida y estamos comprometidos con nosotros mismos, todos los seres humanos podemos encontrar oportunidades de mejora en las relaciones interpersonales. Todos somos capaces de reconocer conscientemente nuestra parte de responsabilidad frente a las situaciones y decidir capitalizarlas como una experiencia de crecimiento e integración.

Cuando hacemos conscientes que en las relaciones interpersonales “ganamos” cuando utilizamos la “Y”, la perspectiva cambia y se ensancha. No siempre tenemos las mismas conductas frente a una situación, por distintas razones. Hacer conscientes las conductas desde la “Y” nos devuelve una imagen honesta y vulnerable de nosotros mismos y del otro.

En esta consciencia a veces cooperamos y entendemos lo que significa “la acción y el efecto de trabajar con otro, trabajar juntos” mientras que a veces, competimos y experimentamos en la relación con el otro, lo que significa “luchar para conseguir un premio”.

Estas dos experiencias tienen efectos psicosociales diferentes. ¿Podemos disfrutar tanto cooperando como compitiendo? Habrá quienes señalen que sí. Sin embargo, disfrutar hace referencia a complacerse, recrearse o deleitarse con las bondades de algo. Quien disfruta experimenta bienestar, alegría, felicidad. Para que en una relación interpersonal quienes participan puedan disfrutar de las bondades de estar con otro, trabajar con otro, hacer juntos; es condición necesaria el reconocimiento mutuo, el respeto, la comunicación honesta y no violenta, la confianza. Esta interdependencia positiva sólo se da cuando cooperamos. “Ninguno de nosotros es mejor que todos nosotros juntos” (Raymond A. Kroc). He ahí, el valor del trabajo colaborativo y de equipo.

Cuando competimos- aun cuando tengamos la percepción de haber “ganado” y evaluemos que en determinada situación “nos fue conveniente”-habremos desaprovechado una oportunidad de aprendizaje respecto de la relación con el otro. Si esta conducta elegida, la aplicamos una y otra vez en “relaciones interpersonales de largo plazo”- las que nos importan- nuestra pareja, hijos, familia, amigos; nuestra empresa u organización, las relaciones de trabajo … estaremos eligiendo perder, desperdiciar y malgastar esa relación.

Cuando cooperamos estamos desarrollando habilidades para relacionarnos.
Vale la reflexión si … preguntarnos acerca de nuestras actitudes frente al conflicto y cómo lo gestionamos, nos acerca o nos aleja respecto de dónde queremos estar en las relaciones interpersonales que nos importan.

Silvina Alejandra Francezón

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