EL LENGUAJE QUE UNE Y EL LENGUAJE QUE SEPARA

Marta está a cargo de una organización reconocida con casi 20 años de trayectoria en el mercado y en la que trabajan unas treinta personas. La incertidumbre del contexto de pandemia y sus efectos están afectando a los trabajadores y sus familias.  Los últimos cuatro meses han sido difíciles para todos. La demanda de servicios y los ingresos de la organización, han mermado significativamente. Marta se siente preocupada. En ese contexto, convoca a una reunión a los responsables de área y se genera una conversación semejante a ésta:

“…- ¡Me siento desbordada!. La organización no está reaccionando a la altura de las circunstancias. Hablamos hace un mes, hicimos un consenso de cómo trabajar en el plan de contingencia y seguimos en el mismo lugar. ¡No entiendo que les pasa, que parte de la urgencia no están viendo!. A veces pienso, que me equivoqué al elegirlos como líderes de equipo…

– Creo que estás exagerando y no estás siendo justa. Siempre tuvimos puesta la camiseta de la organización. Todos estamos perdidos y angustiados. Estamos trabajando en lo que acordamos, sos impaciente y muy exigente. (quien conversa es Juan, gerente de ventas -con unos 10 años de antigüedad en la empresa)

El fragmento que compartimos puede ser parte de una de las tantas conversaciones que se plantean en nuestros espacios de trabajo. ¿Cómo imaginamos que podría continuar transcurriendo, en qué clima comunicativo, con qué tipo de lenguaje?.

Todos nosotros tenemos aprehendido y experimentado el uso del “lenguaje que separa”. Lo construimos en base a juicios moralistas, consejos, generalizaciones, comparaciones, argumentos defensivos, exigencias, negando nuestra responsabilidad. Aún cuando consideramos que nuestra actitud al hablar “no es violenta”, con frecuencia las palabras que decimos hieren a los demás y a nosotros mismos.

¡El lenguaje crea realidades! Las palabras tienen el poder de edificar o destruir, de lastimar o curar. He ahí, el desafío de auto educarnos en la observación de lo que pensamos antes de “decir ó escribir y soltar las palabras”.

Si en este momento hiciéramos consciente alguna de las últimas conversaciones en la que participamos advertiríamos que las barreras comunicacionales y los efectos emocionales que generan en nosotros nos quitan bienestar, resienten nuestras relaciones, generan tensión y todo tipo de emociones negativas.

¿Podemos desaprender y aprender a hacerlo distinto? La buena noticias es que sí.

Si estuviéramos en el lugar de Marta ó en el de Juan, podríamos ensayar un “lado B” de la conversación. Podríamos elegir conscientemente des-aprender el uso del “lenguaje que separa” para aprender el uso del “lenguaje que nos une”.

Para ser impecable con el uso de las palabras, el primer paso consiste en aprender a observar sin juzgar las situaciones en las que participamos y desde esa observación neutral, conversar con el otro.

La observación neutral es una conducta que todos podemos ensayar haciendo uso del autocontrol emocional y de la libertad.

“Observar sin juzgar es la forma más elevada de inteligencia humana” nos recuerda Jiddu Krishnamurti. “Entre estímulo y respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder para elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta radican nuestro crecimiento y nuestra libertad”, nos enseña Victor Frankl.

Marta podría decir…”Estuve revisando nuestros resultados de ventas del mes. Me preocupa que a pese el plan de contingencia que estamos aplicando no haya resultados diferentes. Esta situación me angustia, me siento desbordada. Necesito que revisemos juntos cómo lo estamos haciendo. Les pido que cada uno revisemos nuestra actitud y nuestras acciones frente al plan que consensuamos. Propongo que armemos una agenda de puntos de mejora y trabajemos durante una hora sobre esto”

“Gracias Marta por expresar cómo te sentís y qué te preocupa. Yo me siento frustrado y de a momentos enojado con la situación. Me cuesta automotivame y motivar al equipo de ventas. Necesito que todos nos ayudemos con ideas y también con acciones. Quizas retomar las reuniones semanales, generar ideas conjuntas, capacitarnos y revisar lo que hacen otras empresas del rubro, rediseñar nuestros productos. Evidentemente si seguimos haciendo las cosas de la misma manera, no vamos a lograr resultados distintos.  Acuerdo con trabajar un temario esta mañana…”- dice Juan.

¿Qué posibilidades abriría este tipo de conversación, en qué clima imaginamos que  podría seguir transcurriendo, con qué tipo de lenguaje?.

Todos podemos aprender y practicar el lenguaje que une: observando la situación en forma neutral, siendo conscientes de las emociones que nos genera, expresando las necesidades insatisfechas frente a esa situación concreta y haciendo al otro pedidos concretos. Toda vez que elegimos observar sin juzgar, en lugar de repetir conductas automáticas, nuestras palabras se convierten en respuestas conscientes.

Expresarnos con honestidad, claridad y respeto; recibir atención respetuosa y empática de los demás. Dar y recibir desde el lenguaje del corazón. Estamos todos invitados a observar, practicar y volver a observar sin juzgar lo que trae en nuestras relaciones el lenguaje que une.

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